Cuba hace
cambios, pero no se abre
Carmen Muñoz, ABC, Madrid
Una larga cola junto a un comercio de La Habana desaparece por arte de magia
y reaparece con la misma alegría a las puertas de otro negocio habanero. Los
resueltos cubanos se han enterado por «radio bemba» (el boca a boca) que los
reproductores de DVD son allí veinte pesos convertibles más barato.
Desde que el 24 de febrero sustituyó al convaleciente dictador Fidel Castro
como presidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros, el ex
ministro de las Fuerzas Armadas ha comenzado a cumplir el compromiso
adquirido ese día de levantar el «exceso de prohibiciones» a los cubanos,
como la venta de DVD. Pero al mismo tiempo, esta semana sin ir más lejos,
paradojas del régimen, se reprimen protestas pacíficas en La Habana y Santa
Clara, protagonizadas respectivamente por las Damas de Blanco y el disidente
Guillermo Fariñas.
En las últimas semanas, el régimen ha anunciado un goteo de medidas
liberalizadoras como la venta de ordenadores, tostadoras y otros
electrodomésticos básicos, la contratación de teléfonos móviles, el alquiler
de vehículos y el hospedaje de los cubanos en los hoteles. El Gobierno se
refería también al reparto de numerosas tierras estatales en usufructo
-muchas de ellas invadidas por el marabú (matorral)-, dictaba medidas para
la descentralización de la agricultura y subía los precios que paga a los
campesinos para estimular la producción.
Diez euros mensuales
Una serie de medidas que, después del revuelo inicial, según los analistas
consultados, generan expectativas, escepticismo, cautela y decepción entre
el ciudadano medio que cobra su salario en pesos cubanos y debe pagar estas
novedades en pesos convertibles en divisas (24 pesos cubanos equivalen a uno
convertible, que a su vez son 0,6 euros). El sueldo medio es de 408 pesos
cubanos mensuales (unos 10 euros). El Gobierno también piensa ahora en un
aumento selectivo de los salarios.
«La gente va a las tiendas y mira; va a los hoteles y mira, y luego regresa
a casa porque no tiene dinero para pagarlo», explica Dagoberto Valdés,
director de la valiente y clausurada revista «Vitral», en conversación
telefónica con ABC desde Pinar del Río. Frente a ellos aparece otro sector
de la población que se beneficia de las remesas del exterior, las propinas
del turismo, el elevado precio de los alimentos, el mercado negro o de la
corrupción misma y sí puede adquirir esos bienes de consumo autorizados. A
pesar del afán igualitario del régimen, en Cuba hay ciudadanos de primera,
de segunda y de tercera.
En líneas generales, Valdés considera que los cubanos «están muy
confundidos» porque desconocen «si son los anunciados cambios estructurales
de Raúl Castro o los cambios de cambiar todo para no cambiar nada». El
activista de derechos humanos Elizardo Sánchez precisa que «el modelo
totalitario sigue absolutamente en pie». El economista Óscar Espinosa Chepe
asegura por su lado que el menor de los Castro «ha recibido un país en
bancarrota y necesitaba darle algo al pueblo». Sin embargo, el opositor
Vladimiro Roca, presidente del Partido Socialdemócrata y portavoz de Todos
Unidos, no ve ningún cambio en el horizonte, «son el levantamiento de
prohibiciones anticonstitucionales que había establecido el hermano mayor».
Aunque la «blogger» habanera Yoani Sánchez afirma que con estas reformas se
pretende «suavizar la presión social para conservar el poder», también cree
que con ellas se acepta «lo inevitable»: los cubanos estaban accediendo a la
telefonía móvil a través de diferentes «trucos», como que un extranjero
figurara como titular del contrato. En solo diez días se han contratado más
de 7.000 líneas de telefonía móvil, según la telefónica estatal Etecsa. Otra
realidad es que muchos cubanos estaban ya informatizados con ordenadores
«construidos» a partir de piezas compradas en el mercado negro o con
anticuados portátiles que les traían del exterior. Pese a la autorización,
ni en Pinar del Río ni en La Habana había ordenadores a la venta.
Reforma migratoria
El rumor más persistente ahora en la isla -hasta el punto de estar bloqueada
la centralita de la Dirección de Inmigración y Extranjería- es que pronto ya
no serán obligatorias la llamada carta blanca y la carta de invitación,
engorrosos y costosos trámites para salir de la isla. «Otra violación a la
Constitución», apunta Roca.
Los observadores consultados advierten que estos cambios serán tenues y
graduales, así como que habrá retrocesos. Pero son pesimistas respecto a la
apertura política. Para empezar recuerdan que el régimen firmó el pasado
febrero en Nueva York dos pactos de derechos humanos de la ONU y sus
ciudadanos siguen sin notar las consecuencias. El disidente Héctor Palacios
-del «grupo de los 75», excarcelado por motivos de salud que se recupera
temporalmente en Madrid- sí percibe un «gran cambio» entre los cubanos: «La
gente vivía con terror, ahora lo hace con miedo; el terror no te deja
pensar, mientras que el miedo te da muchos razonamientos».