Un fraude constitucional
Con el tradicional ¡Uh, ah,
Chávez no se va!, la Asamblea Nacional (AN) aprobó el artículo que
permite la reelección indefinida del Presidente, con mandatos de siete años.
No hizo coro un grupo chavista (Podemos) que reivindica la naturaleza
democrática del socialismo. Los demás parlamentarios, de pie, con
prolongados aplausos parecían empeñados en ganar tiempo para que los
enfocaran las cámaras de televisión en testimonio de fidelidad al teniente
coronel. En los derechos de palabra para justificar el respaldo a la
perpetuación de Chávez, los asambleístas coincidieron en la conveniencia
de mantener al mismo líder hasta que pueda hacer realidad el proyecto de
socialismo siglo XXI. Argumentaron que sólo él conoce el mapa de la ruta a
recorrer y tiene las habilidades y la firmeza al timón para conducir
exitosamente la revolución bolivariana. El vocero de la bancada oficialista,
Mario Isea, expresó: “le damos al líder la posibilidad de seguir dirigiendo
y nos damos a nosotros la posibilidad de seguir disfrutando de ese
liderazgo”. La AN aprobó las propuestas de Chávez, excepto tres, que
supuestamente fueron objetadas por la cúpula militar, y agregó nuevos
artículos, todos orientados a configurar el estado socialista y fortalecer
los poderes del Presidente. Las misiones, (los operativos electorales de
impacto social que Chávez ha manejado con apabullante ventajismo) tendrán
rango constitucional, “como forma alternativa de administración pública”. El
Contralor de la República señaló tímidamente que la coexistencia de dos
formas de administración dificulta el seguimiento y evaluación de los
programas, pero la AN complació la exigencia presidencial de no limitarlas
por leyes. Se regirán por reglamentos del Ejecutivo .y serán financiadas por
asignaciones del Presupuesto y los “excedentes petroleros”. La reforma
elimina la autonomía del Banco Central y faculta al Presidente para
administrar las reservas internacionales, fijar la política monetaria, la
política cambiaria, las tasas de interés y todo cuanto tenga que ver con la
planificación y control de la economía. En la materia, la reforma establece
27 nuevas atribuciones presidenciales. El presidente queda autorizado para
crear o suprimir provincias, municipios, ciudades comunales, distritos
funcionales, regiones marítimas y otras formas de reordenación territorial,
cuyas autoridades designa o remueve. La AN acogió las propuestas sobre
propiedad mixta, empresas de producción social, poder popular, área
educativa, política internacional y se reserva una revisión final, después
del referendo, para adaptar los artículos no modificados al nuevo espíritu
de la Constitución.
Los juristas coinciden en que la
reforma es un fraude constitucional. Los estudiantes se lanzaron a la calle,
bajo un torrencial aguacero, para llevar a la AN un documento proponiendo
posponer el referendo. Su líder mas notorio, Jon Goicochea, debió ser
transportado en vehiculo militar para entrar al parlamento. A su salida de
un foro al que había sido invitado en la Universidad Pedagógica, fue
golpeado por grupos de camisas rojas, las turbas le impidieron hablar y
luego de la golpiza requirió tratamiento médico. Al salir del centro
asistencial donde fue atendido, anunció que los estudiantes estarán en la
calle el jueves primero, como vanguardia de una manifestación que demuestre
el rechazo de las mayorías populares a la reforma. “No nos amedrentarán. La
resistencia contra la reforma apenas comienza y seguiremos en la calle”.
LA IGLESIA DENUNCIA LA REFORMA
“Moralmente inaceptable” fue el
titular de la prensa independiente al informar sobre la posición oficial de
la Iglesia Católica ante la reforma constitucional. El documento aprobado
por la Conferencia Episcopal (CEV) fue leído y comentado por el Arzobispo
Diego Padrón. En opinión del liderazgo católico, la reforma acentúa la
concentración del poder en el Presidente, favorece el autoritarismo, limita
las libertades cívicas, incrementa desmesuradamente el estatismo, permite al
gobierno controlar espacios de la vida ciudadana que se corresponden con
derechos humanos inalienables y vulnera los principios fundamentales del
sistema democrático. “El punto central”, afirman, es que se intenta poner
punto final a la diversidad y el pluralismo, proclamando que el Estado es
“socialista”, bajo la conducción de un Presidente con poder omnímodo y
facultado para ser reelecto continuamente.. Un modelo de Estado socialista,
marxista leninista, estatista, es contrario a la naturaleza del ser humano y
a la visión cristiana de la persona. Experiencias de otros países demuestran
que en tal sistema el Estado se convierte en opresor de la sociedad, coarta
la libertad personal y causa un profundo deterioro de la economía,
produciendo una pobreza generalizada. Lo que más preocupa a los Obispos es
que la reforma, por excluyente de los sectores que no la comparten,
profundizará la polarización de la nación y dificultará la convivencia
pacífica de los venezolanos.
El pronunciamiento oficial fue precedido por declaraciones de figuras
connotadas de la Iglesia. Según el Presidente del Concilio Plenario,
Monseñor Pérez Morales, en profundidad histórico-cultural, “pueblo” resulta
en la reforma una categoría restrictiva, excluyente, tipo apartheid,
en cuanto comprende sólo a la gente calificada por su adhesión y
participación en el “socialismo”. Los venezolanos serían reconocidos como
ciudadanos, patriotas, en cuanto “socialistas”. Se habla de un poder
emergente de las bases, pero el complejo entramado del texto lo hace
dependiente del gobierno nacional. El socialismo se propone no como proyecto
alternativo dentro de un pluralismo democrático. Se presenta dogmáticamente
como “la verdad” y “el futuro”, ante los cuales no cabe sino la aceptación
ciega, muy bien vigilada por las vanguardias iluminadas-armadas. La reforma
define “socialista” no sólo al Estado sino también a las dimensiones
(económica, política, ético-cultural) de la sociedad.
Pese a problemas de salud que
obligaron a suspender Aló, Presidente, Chávez en “alocución
telefónica” afirmó que los obispos son “moralmente inaceptables” y “están al
servicio de la oligarquía”. Se refirió en términos impertinentes al Cardenal
Castillo Lara, recientemente fallecido y a cuyas exequias no se hizo
presente ningún representante del gobierno. El cardenal Jorge Urosa
respondió con un llamado a la tolerancia y exhortó a retirar el proyecto de
reforma. El gobierno lo instó a despojarse de los símbolos cardenalicios
para opinar. Urosa replicó que no tenía que hacerlo pues los obispos son
imparciales en las controversias políticas, pero no pueden ser indiferentes
ante los problemas del pueblo. El arzobispo Baltazar Porras anunció una
inminente reunión con el Papa Benedicto XVI, en ocasión de audiencia
prevista para la nueva directiva del Consejo Episcopal Latinoamericano
(CELAM), donde Porras es Vicepresidente. Da por descontado que se trate el
tema Venezuela al abordar las conclusiones del CELAM en la conferencia de
Aparecida (Brasil). Allí el Papa mostró su preocupación por el surgimiento
en la región de formas de gobierno autoritarias o sujetas a ideologías que
se creían superadas. Era claramente una referencia a Venezuela. Seguramente
está enterado ya, que Chávez inició hoy su campaña electoral calificando a
los Obispos de nuevos Judas.
LA PROPUESTA UGALDE
Aprobar el cambio propuesto “lleva
en si mismo el germen de la ilegitimidad”, y “fuera del consenso no hay un
verdadero pacto social sino decisión unilateral e imposición de un sector
sobre quienes son vistos no como ciudadanos, sino como enemigos”. Lo
expresaron en comunicado conjunto las Academias Oficiales que congregan las
personalidades más eminentes de todas las ramas del saber. Los rectores de
las Universidades autónomas suscribieron un comunicado denunciando la
reforma como instrumento para destruir la libertad de cátedra e imponer el
pensamiento único. Coinciden con los académicos en el concepto de
“ilegitimidad” y anuncian que pondrán en movimiento su capacidad de
convocatoria para que se haga evidente el rechazo. Gremios de intelectuales,
artistas, periodistas, científicos, obreros, empresarios, las organizaciones
más representativas de la sociedad civil se manifiestan en términos
categóricamente negativos a lo que estiman una severa ruptura institucional.
Luís Ugalde, Rector de la
Universidad Católica, se pregunta qué hacer ante la pretensión de imponer
una nueva Constitución que la mayoría de los venezolanos rechaza. “Las
posibilidades son buenas, siempre que los demócratas trabajen en lo
fundamental, se liberen de sus pequeñeces y sean capaces de sumar las
diversas expresiones de rechazo”. Propone una campaña de información sobre
las amenazas concretas que entraña la reforma y aceptar que el rechazo se
expresará de dos maneras, ambas con fuertes razones: por la abstención,
quienes desconfían del sistema y el arbitraje electoral, y por el NO quienes
consideran que el ejercicio del voto es un instrumento de lucha cívica.
Ambas expresiones dejarán en evidencia que con una minoría el gobierno
quiere imponer como obligación constitucional un régimen autoritario y un
modo de vida inaceptable. Según Ugalde, hay que prever y preparar “el día
después”, para lo cual, desde la noche del referendo, la mayoría del país
tiene que sentirse como tal. “Esto requiere una voz y una dirección que,
antes y después, explique e interprete los hechos ante el país y el mundo…El
“día después” es la clave para salvar la democracia venezolana y esta sólo
puede ser victoriosa si se trabaja sabiendo que Chávez no reconocerá la
derrota al verse en minoría frente al NO y la abstención”.
Chávez dedicará todo el mes de
noviembre a actos de masas por el SI. Repetirá el esquema de la campaña
presidencial del año pasado. Está vez tiene en contra varios factores, entre
otros las fracturas internas de los “bolivarianos”. Varios gobernadores y
alcaldes han expresado que se oponen a la reforma, y seguramente la mayoría
no ve con buenos ojos que en el futuro tendrían un papel decorativo, pues se
les despoja de funciones y facultades. A diario hay manifestaciones de
chavistas, en todo el país, exigiendo cumplimiento de promesas sobre empleo,
salarios, viviendas, y protestas por la inseguridad y la crisis de los
servicios públicos. En las encuestas aparece alto apoyo para seguridad
social a los trabajadores informales y la reducción a 6 horas del horario
laboral, pero la mayoría está poco informada sobre el contenido de la
reforma, no cree que reformar la Constitución resuelva los problemas del
país, le preocupa que sea amenazada la propiedad privada y en lugar de
reforma prefiere que se cumpla la vigente. El presidente conserva un buen
nivel de popularidad, pero su verdadera fortaleza es el férreo control de
las instituciones claves, entre otras, el Consejo Nacional Electoral, todo
el personal que maneja el sistema electrónico de votación y el Tribunal
Supremo de Justicia.

