El ritual del
voto unido dentro de unas elecciones tradicionales
Miguel Saludes
El domingo
20 de enero se efectuaron las elecciones para diputados a la Asamblea
Nacional del Poder Popular en Cuba y delegados a las asambleas provinciales
en un proceso nada novedoso. Una vez más los candidatos fueron propuestos
según el mecanismo establecido por la Ley Electoral que rige en la Isla.
Durante la campaña
previa a las elecciones, se retomó el llamamiento por el Voto Unido. El
discurso pronunciado por Fidel Castro el 6 de febrero de 1993, fue
enarbolado como telón de fondo en esta jornada. La orientación del
Comandante, lanzada en medio de una crisis bautizada eufemísticamente como
Período Especial, iba dirigida a la necesidad de persuadir a la gente para
que votaran por todos los candidatos de aquellas elecciones. Las
adversidades y peligros que se avizoraban, servían de pretexto para el
convencimiento.
“Por eso es tan importante
enseñar a votar, y no solo enseñar a votar, sino persuadir a los electores
de que lo que conviene al país es el voto unido de los revolucionarios y de
los patriotas y no el voto dividido, no el voto disperso. Hay que persuadir
a los ciudadanos de que el voto disperso perjudica al proceso, que el voto
dividido y disperso no es lo que le conviene al país, no es lo que le
conviene a la patria, no es lo que le conviene a la Revolución;..” De esta
manera enfocó Castro la necesidad de marcar de una vez por todas las
propuestas contenidas en las boletas. Quince años después el discurso
aparece re editado íntegramente en la prensa oficial cubana, esgrimido a
manera de divisa en las elecciones del 2008.
Por su parte la Central de
Trabajadores de Cuba aprovechó la clausura del Pleno celebrado a mediados de
enero para hacer un llamado en defensa del voto unido. Por la Patria Unida a
votar unidos, fue el título que encabezó el documento emitido por la unión
obrera oficialista cubana, única permitida en el país. A favor de la
convocatoria se utilizaron los argumentos de costumbre: preservación de las
conquistas revolucionarias, la soberanía nacional y las amenazas
provenientes de Estados Unidos, ahora con la presidencia de George W. Bush.
El documento describe
someramente la forma en que resultan nominados los candidatos que serán
elegidos. Miles de propuestas, cita el escrito, han sido analizadas
rigurosamente antes de su aprobación. Otras son “sugeridas” por las
organizaciones de masas y sociales. En definitiva es la cúpula del poder, la
del único partido gobernante, la que decide quien representará sus intereses
y aprobará, o jugará a aprobar, las leyes del país.
Basta
echar un vistazo a la Ley Electoral cubana, específicamente a sus títulos
cuarto y séptimo, para comprobar como funciona este ingenio totalitario con
pretensiones democráticas. El voto unificado es uno de los elementos
utilizados para conceder credibilidad al engaño.
La
Comisión Electoral Nacional (CEN) es la encargada de determinar el número de
diputados a la Asamblea Nacional. Lo mismo ocurre con los delegados a las
asambleas provinciales, cuya cantidad es regulada de acuerdo a la población
en cada municipio, según datos oficiales. La CEN, cuya función es designar a
las personas que integran cada una de las comisiones provinciales y
especiales, está presidida por un representante de la Central de
Trabajadores de Cuba, organismo oficialista que también se encuentra entre
los encargados de hacer la selección. Esta tarea es compartida por los
Comités de Defensa de la Revolución, la Federación de Mujeres Cubanas, la
Federación Estudiantes Universitarios, entre varios órganos socio-políticos.
Los integrantes de esas comisiones son designados a su vez por la Comisión
Nacional.
Una
facultad importante de la Comisión Nacional de Candidatura es la de preparar
el proyecto de propuestas para los cargos del Consejo de Estado. Los mismos
son seleccionados entre los Diputados de la Asamblea Nacional. Las personas
se repiten en la esfera legislativa y en la de poder real. Miembros del
Partido Comunista de Cuba, Diputados, Consejo de Estado y de Ministros, se
eligen y re eligen entre ellos mismos. El voto popular no cuenta en esta
farsa. Hay tantos escaños como candidatos. Todos deben salir.
En 1997
varios miembros del MCL presentaron su aspiración como diputados a la
Asamblea Nacional. Lo hicieron respaldados en el artículo 63 de la
Constitución y el apoyo de centenares de ciudadanos. La acción fue frenada
por las trabas y vericuetos que encierra la regulación electoral vigente. En
consecuencia, al presentarse la iniciativa del Proyecto Varela, junto a ella
fue incluida una propuesta de reforma a la Ley Electoral. Antonio Díaz
Sánchez, encausado en el 2003 con 20 años de prisión, preparó aquel estudio.
Uno de los aspectos contenidos en esa idea proponía la postulación de al
menos cinco candidatos para cada puesto.
La
votación de este 20 de enero concluyó. Como expresó el propio Raúl Castro a
la prensa nacional han sido unas elecciones tradicionales. Dando por segura
su designación como diputado, el General manifestó que había votado donde
tradicionalmente lo hace. Sobre el lugar donde se promovió su candidatura
manifestó que allí, donde tradicionalmente suelen elegirle, la mayoría
acostumbra a votar por él.
No
obstante a la próxima legislatura puede enfrentar decisiones poco usuales.
Acaso una de ellas sea la designación para la vacante en el puesto del
Presidente del Consejo de Estado. Por ahora, tal y como afirma Laritza
Diversent Cámbara en una crónica sobre las elecciones, estas transcurrieron
sin significado alguno para la población cubana. La participación de los
electores nuevamente quedó reducida a trazar una marca en un papel. Una cruz
que llevamos cargando durante muchos años los cubanos. Su signo no tiene que
ver con el de la redención.